Uno de los delitos más frecuentes en éste honorable y hermoso País, es la piratería de películas (videojuegos, ropa y muchas otras cosas); es muy común ver como parte del paisaje, los puestos que ofrecen cientos de títulos de películas, que muchas veces ni a las salas de cine han llegado.
Siendo políticamente correctos, está muy mal visto que alguien consuma éste producto, ya que afecta los intereses de los muchos involucrados que hacen posible que una película llegue a las pantallas de los cines, las razones que se pueden citar para no comprar piratería son tantas que no dudo que comiencen a fluir en los pensamientos de cada uno de mis lectores, así que no tiene caso mencionarlas, pero la moneda siempre tiene dos caras y siendo políticamente humanos, habría que tener más tolerancia para quienes lleguen a caer en esa tentación de querer ver primero que nadie algún estreno, de querer poseer una película que ya se vio en el cine y se desea volver a ver, o por la razón que sea.
Sí, está muy mal, pero ni es tan grave, ni tan imperdonable como vender droga, asesinar o violar.
Es muy fácil cuando se tienen los medios suficientes para cubrir las necesidades básicas (y además darse uno que otro lujito) juzgar con severidad a quienes no tiene la fortuna de contar con los recursos extras para pagar la entrada a un cine.
Imaginen a una pareja que ganan lo mínimo, y tiene tres hijitos que quieren ver a Linterna Verde, al Capitán América y a Los Pitufos ¿no tienen derecho esos niños a ver esas película solo porque sus papás no puede solventar el gasto de casi $1,000.00 pesos por 5 personas de 3 idas al cine? Eso sin contar el lujo de pagar palomitas, refrescos y demás golosinas.
Muchas personas atraviesan por una situación difícil, y no se trata de decir: “que busquen un trabajo extra”, “pues para que tiene hijos” o “ que la rente en Blockbuster” o tonterías por el estilo, es una realidad que vivimos como sociedad, y es una necesidad muy natural buscar la manera de distraerse de las presiones y tensiones de lo cotidiano, y para muchos ver una película en casa con su familia, es de las pocas distracciones que pueden tener.
Claro que no hay nada mejor que estar cómodamente sentados en la sala de un cine, y que mejor si es VIP, comprar palomitas de a $95.00 pesos la bolsa y disfrutar de la función, pero es muy injusto que desde ahí se critique a quien no lo puede hacer, y no precisamente por falta de ganas.
Siempre habrá quienes gocen de lo superfluo mientras que otros carecen de lo indispensable, siempre será un crimen producir y consumir películas piratas, pero tampoco se ha de juzgar y castigar a quien disfruta de el Séptimo Arte de la manera menos correcta.
Después de todo ¿Quién no ha visto una película pirata?
Mis respetos para quienes no lo hayan hecho jamás por la convicción de que no está bien, da gusto que aún haya personas tan honradas y con principios tan arraigados, pero el buscar una distracción sana y accesible tampoco le quita a nadie ni lo honrado, ni los principios.
En lo personal y sin pretender presumir, no encontrarán películas piratas en la casa de un servidor; pero ni ésta aseveración me exonera de haberlo hecho en el pasado, ni me da derecho a señalar a aquellos que no tienen otra opción.
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